Nos encontramos frente a otra realidad, con una muy alta frecuencia estadística; además es vivida por los jóvenes sin un particular sentido de culpa. Es algo que muchos aceptan con plena naturalidad.
Para fijar un criterio válido que nos oriente sobre la licitud o ilicitud de estas relaciones, nos parecen insuficientes los planteamientos tradicionales que se basaban simplemente en la no orientación procreativa de la relación y el hecho de buscar un placer sólo permitido en el matrimonio. Tampoco nos parecen aceptables aquellos planteamientos que parten de una actitud pragmática, ya a favor, ya en contra, para justificar esta relación: sentido de culpa, valor de la virginidad, embarazo no deseado; o, para su justificación: tener una prueba de la complementariedad sexual de la pareja, un aprendizaje para el matrimonio, etc.
La coordenada en la que deberíamos situarnos es la siguiente: la dimensión interpersonal del gesto sexual en cuanto lenguaje de amor, y la dimensión vinculante que debe poseer una relación sexual para que sea auténtica.
De ahí que no podamos hacer una misma valoración, por ejemplo, de una relación esporádica, del encuentro sexual de una pareja de adolescentes o de una pareja estable de novios que buscan expresar su amor.
¿No puede realizarse esto fuera del matrimonio? ¿Una pareja de novios no pueden vivir un amor generoso y estable? Ciertamente pueden darse relaciones de parejas donde esta realidad se viva incluso mejor que en algunos matrimonios. Pero tendremos que ser muy cautos para que no resulte que terminemos siendo víctimas de un egoísmo solapado, o de una falsa ilusión.
La relación sexual prematrimonial carece de otro rasgo fundamental del amor entendido como donación total y exclusiva: la socialización. El amor heterosexual es apertura del yo y el tú al nosotros social. Víctimas de una excesiva privatización del amor, hemos perdido el sentido de la dimensión social de toda relación heterosexual.
Pensamos que es dentro del ámbito del matrimonio donde mejor puede realizarse el ideal del amor heterosexual. Por ello, una relación prematrimonial realizará mejor este ideal en la medida que refleje con más claridad los valores de la vida matrimonial. El matrimonio comienza cuando se emite públicamente el consentimiento y ha sido sancionado por la autoridad competente. Sin embargo, puede ya vivirse esa mutua entrega y fidelidad antes de recibir el espaldarazo legal del consentimiento público.
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