martes, 7 de febrero de 2017

ÉTICA SEXUAL

Imagen relacionadaEste panorama de permisivismo y confusión, nada favorable para nuestra acción educativa, puede terminar propiciando en los educadores de la fe un clima de pesimismo y confusión. Necesitamos unos criterios morales básicos, capaces de orientarnos en nuestra acción educativa sin inclinarnos hacia ninguna de las dos tentaciones posibles: un rigorismo intransigente o un relativismo permisivo.
El criterio primero, por prioridad y por importancia, de una ética sexual es la persona. Es el misterio de la persona el que debe estar a la base de toda moral sexual. La sexualidad, por tanto, debe orientarse a la realización global de la persona. De este modo, ya tenemos el primer criterio ético. Debemos rechazar como inmorales todas las vivencias de la sexualidad que reduzcan a la persona humana a la categoría de objeto.
Resultado de imagen para sexualidad caprichoAsí pues, diremos que un comportamiento sexual es bueno, moralmente hablando, si hace al hombre más persona, si nos personaliza. La sexualidad aparece entonces como un factor armónico del crecimiento personal que se encuadra en la dinámica progresiva de crecimiento al que estamos invitados todos.
En resumidas cuentas, la sexualidad entendida como cosa, como mero capricho, como consumo, no la podemos situar en el marco que hemos diseñado. Despojado de su profundo significado humano, la vivencia de la sexualidad es inmoral.
El hombre, si realmente quiere ser persona, tiene que vivir abierto hacia los demás. Jesús de Nazaret, modelo de persona para todo creyente, es el hombre que le define como ser para los demás. El hombre es, esencialmente, apertura a los otros, oblatividad, donación, entrega.
En esa apertura a los otros juega un papel esencial la sexualidad. Cuando nos relacionamos con otra persona, lo hacemos desde nuestro ser persona sexuada, como varón o como mujer. Así pues, el significado fundamental de la sexualidad humana es la realización del encuentro interpersonal.
Pero para que esta relación nos haga crecer y madurar, tiene que ser una relación de amor, es decir, personalizada y personalizante, no únicamente arrastrada por el deseo biológico o, lo que sería aún peor, por el egoísmo personal. La apertura al otro en la sexualidad tiene que ser un lenguaje de amor. Sexualidad y amor no pueden disociarse, van unidos inseparablemente. El amor no se hace, se vive. El amor, criterio último venimos diciendo de la sexualidad, es exigente. Implica donación y entrega. No es auténtico, si no hay escucha y respeto del otro. Lleva a la renuncia personal, a la capacidad de ver al otro como otro y reconocerlo como tal. Lleva a la responsabilidad y al compromiso por el otro. Este amor oblativo, de donación y aceptación, se vive en el marco de la diferencia sexual. Hombre y mujer, en el plano de una completa y total igualdad en lo que a dignidad se refiere, están referidos el uno al otro. Esta relación heterosexual deberá ser vivida de manera diversa conforme a la evolución psicológica de la persona; cada etapa de esta evolución posee una forma diversa de relación.
Resultado de imagen para padres hablando con sus hijos sobre el sexoSi hemos dicho que la sexualidad es donación y es apertura, no podemos caer en una especie de individualismo a dos; el comportamiento sexual debe abrirse al nosotros social. El amor y la sexualidad no pueden cerrarse en el ámbito de la ínter subjetividad, tiene que abrirse al mundo de lo social.

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